miércoles, 20 de octubre de 2010

EDITORIAL.


"...EDITORIAL LA FIEBRE NO ESTÁ EN LA SÁBANA, EN RELACIÓN CON LAS REGALÍAS, QUE POR ESTOS DÍAS ESTÁ DE MODA EN EL CONGRESO..."

Por estos días se debate con entusiasmo si las regalías, o sea las migajas que se caen del mantel de las transnacionales, deben seguir llegando a las regiones donde se produce el voráz saqueo de las riquezas colombianas que según la Constitución Colombiana son de la Nación, o si por el contario dichas migajas deben llegar al gobierno central para que desde allí se distribuyan con “criterio nacional”.
Las dos maneras de ver la repartija, tiene enfrentados a los burócratas de las regiones y al Gobierno Central, pero el asunto álgido no es precisamente la manera más efectiva de que dichos fondos lleguen a la población sino en que bolsillos de los desonestos y corruptos se quedará la tajada.
No hay que olvidar, por el contrario hay que recordar que el Estado Colombiano es uno de los más corruptos del planeta y sin duda los dineros de las mentadas regalías, los engorda a ellos, sea en las regiones o en los centros de la burocracia.
Aunque esta es la realidad, no faltará la excepción que confirme la regla con la existencia de algunos funcionarios y organismo no desonestos ni corruptos.
Este intenso debate no deja de ser un sofisma de distracción, ó una cortina de humo que aleja y olvida el verdadero problema económico Colombiano que no es ni mucho menos el de las regalías, sino, el robo descarado, continuado y a manos llenas que hacen de nuestras riquezas nacionales las grandes potencias extranjeras. Por eso aquí cabe aquella frase tan antigua de que “la fiebre no está en la sábana”.
La encarnizada discusión de quien recibe las regalías, es similar a las peleas de la gente que se da puñetazos por unas cuantas monedas que tiran los asaltantes para hacerle estorbo a la policía y escapar de la persecución policial.
¿Es justo, equitativo, leal y equilibrado, que los grandes saqueadores, de los recursos minero-energéticos hayan hecho y sigan haciendo de las suyas con las riquezas de todos los colombianos, mientras el gobierno genera el gran debate por las migajas que se caen del mantel de las transnacionales?

Solo los lacayos del imperialismo desde el balcón del poder oligárquico, pueden satisfacerse con este manejo ridículo de las riquezas del país, porque mientras venden la Patria al capital extranjero, engordan sus capitales personales, sacrifican al pueblo, a la nación y empeñan el futuro de las grandes mayorías.
Dicha conducta en el caso concreto de Colombia tiene además otro beneficio para la oligarquía, armarse hasta los dientes y eternizar el conflicto social y armado, con el que justifican sus criminales conductas contra los humildes, mientras a punta de engaño, intimidación y represión mantienen el poder y le garantizan al capital transnacional la seguridad y colocan en bandeja de plata nuestras riquezas con la tan sonada inversión extranjera.
Entre tanto, la potencia imperial utiliza a Colombia para amenazar los vecinos donde pueblos y Gobierno caminan el sendero de la democracia, la equidad social y la autodeterminación.
Colombianos y Colombianas, la verdadera discusión que debe darse es la del robo continuado de las riquezas minero - energéticas por parte del capital transnacional que ahora se acrecienta con el triste remoquete de “Colombia: país minero 2019”
Pueblo y sectores medios de Colombia, no permitamos que esta clase en el poder que desgobierna y entrega la patria a las transnacionales, siga poniendo en venta lo que queda de riquezas, mientras distrae la opinión con el cuento de quien distribuye las regalías, pongamos al centro la dignidad, defendamos lo que nos pertenece luchemos por tener futuro digno, pensemos en el bienestar de las futuras generaciones, pensemos en que hay que dejarle un buen País con sus riquezas a las generaciones venideras, que son el futuro de Colombia.
Atentamente,
HENRY ANTONIO BOLAÑOS

sábado, 2 de octubre de 2010

COMENTARIO MINERO.

"...MINERÍA SUSTENTABLE: EL ÚLTIMO CUENTO DE VAQUEROS, Ó CUENTO CHINO DE VAQUEROS..."

Entre el 29 y el 31 de julio se realizó en Bogotá la Primera Feria Minera Nacional, organizada por el Ministerio de Minas y Energía para feriar, como su nombre lo indica, el patrimonio mineral de la nación. En la convocatoria oficial del evento se afirma: “Minería 2010 tiene como objetivo promocionar a Colombia como país minero, bajo la premisa del desarrollo industrial sostenible y compatible con el medio ambiente”. Y una de las mesas de trabajo del evento se denomina minería sustentable. También se indica que “esta es una feria especializada del más alto nivel que pretende consolidarse como la mejor en su categoría, fomentando el intercambio comercial, científico y tecnológico de la industria minera nacional, promoviendo las oportunidades de inversión extranjera y promocionando a Colombia como potencia minera latinoamericana en el corto plazo”.

Tenemos dos tipos de información completamente diferentes: por una parte la idea verdaderamente increíble de la minería sustentable, algo que no puede existir y, por otra parte, el ofrecimiento de Colombia como un país minero en el corto plazo.

Empecemos por lo segundo. En efecto, las clases dominantes de este país, en concordancia con el capital imperialista, han decidido convertir a Colombia en un país minero exportador, para regalar los diversos recursos minerales y energéticos que se encuentran en nuestro territorio. Después de más de cinco siglos de la conquista española, que se sustentó en la explotación de minerales preciosos y consolidó una división internacional del trabajo basada en la especialización forzada del continente americano en la producción de materias primas minerales, hoy se ha vuelto a regresar a ese esquema, terriblemente destructor de la naturaleza y de los seres humanos más pobres.

Y evidentemente es cierto, en el caso de Colombia como en el de cualquier país del mundo, que la explotación de minerales sólo puede estar garantizada en el corto plazo, porque ese esquema rentista únicamente va a existir hasta cuando se agoten esos recursos, algo que a nivel mundial ya se presenta con todos los minerales estratégicos. En otros términos, la actividad minera no puede ser ni de mediano ni de largo plazo, por la sencilla razón que a los minerales, al ritmo de explotación actual para mantener los patrones de consumo en Estados Unidos, Europa Occidental, China, India, Australia, Japón, les queda muy poco tiempo de existencia.

En estas condiciones, resulta de una miopía impresionante que las clases dominantes de un país en lugar de pensar en defender y preservar los recursos mineros y en impulsar un proceso económico que beneficio a su población, estén interesadas en regalar esos recursos a cambio de unas cuantas migajas que sólo las benefician a ellas, porque para las gentes pobres sólo dejan miseria, desolación y tristeza.

En cuanto a la justificación de fondo de impulsar una “minería sustentable”, puede decirse que es un muy mal chiste. Es como hablar del pacifismo de Barak Obama, presidente de los Estados Unidos, embarcado en varias guerras contra diversos países del mundo, o de la inocencia de Álvaro Uribe Vélez. En pocas palabras, minería sustentable es un oximorón, algo absolutamente imposible.

No existe minería sustentable, porque el término sustentable aplicado al ámbito económico y productivo indica que una determinada actividad puede mantenerse y reproducirse en el tiempo, sin alterar negativamente sus propias condiciones de funcionamiento. En esa perspectiva, se puede hablar de sociedades sustentables, entendiendo por tal a aquellas, como las que han existido en la selva amazónica antes de la llegada colonizadora europea (y de sus descendientes criollos), que durante miles de años han sabido preservar los recursos naturales que les permiten vivir con dignidad. Algo muy distinto al pretendido desarrollo sustentable, otra contradicción en los términos, ya que no es posible seguir manteniendo las pautas de consumo y destrucción del modelo de desarrollo imperante, sin poner en riesgo las mismas condiciones de existencia de la humanidad como un todo, al agotar los recursos materiales y energéticos que permiten tan fugaz desarrollo.

La minería no puede ser sustentable porque los recursos mineros son limitados y se agotan y, por lo mismo, no es viable garantizar su existencia durante un tiempo indefinido, porque simplemente no se pueden renovar. De tal manera, la explotación minera va agotando un recurso en la medida en que se explota y, por ende, entre más se intensifique su explotación más rápido va a desaparecer. Pero también es insustentable la explotación minera porque el proceso de extracción destruye los ecosistemas y contamina las aguas, los suelos y el aire. Que esto pueda remediarse en algún grado depende del tipo de explotación que se realice, pero ni en las formas más cuidadosas y sofisticadas de explotación minera es posible mantener intactos los ecosistemas.

Y la minería es igualmente insostenible porque destruye a los seres humanos, como sucede con comunidades indígenas y campesinas, las principales víctimas de este tipo de explotación irracional. Cuando se explota un mineral no solamente se arrasa con los ecosistemas y el medio ambiente sino que también se aniquila a los seres humanos que ocupaban esos lugares y que vivían de los productos que generan esos ecosistemas y de las corrientes de agua que se contaminan con los residuos o con los materiales tóxicos empleados para obtener los minerales.

Por todo lo anterior, no deja de ser una muestra más del cinismo a que nos tienen acostumbrados las clases dominantes de Colombia y el régimen uribista aquello de minería sustentable. En este caso, la palabra sustentable se usa como una muletilla desprovista de cualquier sentido para darle una apariencia de preservación del medio ambiente a la entrega de nuestros recursos minerales a las grandes empresas transnacionales del sector, que dondequiera se han posicionado han dejado destrucción, contaminación y ríos de lágrimas y de sangre. En Colombia, por supuesto, las cosas no han sido distintas y no van a ser diferentes en el boom minero que se nos anuncia.

Cuando se haya consumado la explotación de oro en la Colosa, Cajamarca, o en el Páramo de San Turban, y cuando hayan desaparecido ecosistemas, plantas y animales y se hayan contaminado centenares de corrientes de agua, las dos palabrejas que forman el vocablo minería sustentable sólo serán recordadas como otra mentira más que se empleó para justificar lo injustificable: el regalo de nuestra riquezas naturales a los pulpos transnacionales a cambio de ruina económica, social y humana de las comunidades campesinas y la destrucción de bellezas naturales incomparables, transformadas en huecos sucios y abandonados.
Atentamente,
HENRY ANTONIO BOLAÑOS